El sargazo, de plaga a materia prima: Quintana Roo apuesta por el biogás
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El sargazo, de plaga a materia prima: Quintana Roo apuesta por el biogás

Autor: Paula Barrutieta

Cada temporada, toneladas de sargazo llegan a las costas del Caribe mexicano y forman mareas que asfixian los arrecifes, corren a turistas y afectan a las comunidades que viven del lado del mar. En julio se registraron alrededor de 27 millones de toneladas de sargazo capaz de reproducirse, según el Laboratorio de Oceanografía Óptica de la Universidad del Sur de Florida, que prevé que 2026 cierre como el segundo año con mayor cantidad del alga en el Atlántico, el Caribe y el Golfo de México. Pero mientras el alga sigue llegando, en Quintana Roo empresas, emprendedores, investigadores y autoridades encontraron algo que hacer con ella: ¡convertirla en materia prima!

Uno de los casos más conocidos es el de Omar Vázquez, director de Blue-Green México, quien desarrolló el «sarga block», un bloque de construcción hecho con 40% de sargazo molido y 60% de materiales orgánicos que se comprime y moldea en ladrillos de unos 30 centímetros. Con ellos ha levantado y donado viviendas a familias que lo necesitan en Puerto Morelos. 

En 2024, la empresa Nopalmex, del ingeniero Miguel Aké, obtuvo la patente para producir biogás a partir del alga, después de haberlo hecho con nopal y desechos del aguacate, un proceso que exige limpiarla de sal, arena, microplásticos y metales pesados. En julio del 2026, la gobernadora de Quintana Roo, María Elena Lezama, informó que ya está instalada una planta piloto que produce biogás combinando sargazo con lodos, con una inversión superior a los 14 millones de pesos, y que se prepara otra de mayor tamaño en Cancún. 

En la agricultura, la compañía Carbon Wave desarrolló Sarga Agriscience, un extracto derivado del sargazo reciclado que ya se exporta a Estados Unidos, Colombia y Ecuador y que reduce hasta en 30% el nitrógeno que necesitan los cultivos, lo que abarata el costo y disminuye el impacto ambiental de los fertilizantes convencionales.

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La lista de proyectos sigue creciendo hacia usos más cotidianos. Sargazo Sandals, el emprendimiento de Mario Robledo, que convierte el alga en un biomaterial para fabricar sandalias biodegradables que ya se venden en hoteles y tiendas de la Riviera Maya, y cada 100 pares aprovechan unos 400 kilos de sargazo. EcoColor, una microempresa fundada por cinco mujeres universitarias, mezcla papel reciclado con el alga para producir entre 120 y 150 lápices de colores a la semana. Carbon Wave, por su parte, desarrolló un emulsificante natural para cremas y productos de cuidado personal, y trabaja en cuero vegano y telas no tejidas que todavía están en fase de desarrollo.

El esfuerzo empezó a recibir respaldo federal. En julio, la presidenta Claudia Sheinbaum anunció un plan integral que incluye destinar 2 mil millones de pesos, unos 118 millones de dólares, para incorporar buques de la Secretaría de Marina que recolecten el alga antes de que llegue a las playas y fortalecer la coordinación con la iniciativa privada. 

Nada de esto puede detener la llegada del sargazo, y su aprovechamiento todavía enfrenta desafíos de recolección, tratamiento, regulación y producción a gran escala. Pero sí puede cambiar  lo que ocurre después: se podrán generar más empleos, reducir el impacto ambiental y convertir lo que se considera un problema en una oportunidad para la economía circular en México.

Fuente: CNN en Español

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