
¿Cuántas veces has pensando cosas como “no sirvo para nada”, “si me equivoco, todo saldrá mal” o “debo caerle bien a todos siempre”? ¿O te ha pasado que después de un error, una discusión o un mal día, te sorprendes diciéndote cosas como…?
Tal vez no lo notes, pero estos pensamientos tienen un enorme poder sobre tus emociones y decisiones diarias. Y aunque suenan lógicos, no siempre lo son. Muchas veces los damos por ciertos sin detenernos a pensar si realmente tienen fundamento. Se les conoce como creencias irracionales y todos, en mayor o menor medida, las tenemos.
¿Qué son las creencias irracionales?
De acuerdo con Albert Ellis, pionero de la Terapia Racional Emotiva Conductual (TREC), las creencias irracionales son ideas que no se basan en hechos reales ni en evidencia objetiva. Pueden haber sido aprendidas a lo largo de la vida, formar parte de tendencias personales que arrastramos desde siempre o ser evaluaciones / interpretaciones que hacemos sobre lo que nos pasa, que damos por ciertas sin cuestionarlas.
Lo que caracteriza a estas creencias es su rigidez, así como su forma absoluta e inflexible de ver el mundo y los acontecimientos que nos ocurren. A diferencia de las creencias racionales, que son más realistas, flexibles y basadas en evidencia; las creencias irracionales suelen generar culpa, ansiedad, tristeza, frustración o enojo.
Estrategias prácticas para enfrentarlas
Cambiar la forma en que pensamos no siempre es fácil… Pero con práctica y un poco de paciencia, es posible empezarlas a ver de otra manera. Aquí te comparto algunas prácticas que pueden ayudarte a reducir su impacto en tu día a día e ir eliminando estas creencias irracionales poco a poco.
El primer paso es hacer una pausa consciente cuando sientas emociones intensas, pues muchas veces, detrás de ese malestar hay una interpretación errónea o pensamiento irracional. Pregúntate: ¿Qué me estoy diciendo internamente? o ¿Qué historia me estoy contando sobre lo que acaba de pasar? Nombrar el pensamiento es el primer paso para poder transformarlo.
Una vez que identifiques el pensamiento o la creencia, toca ponerla a prueba. Inicia preguntándote: ¿Qué evidencia tengo de que esto es verdad? A partir de eso puedes continuar cuestionando: ¿Estoy viendo solo una parte de la situación? ¿Es un hecho o una interpretación emocional? Estas preguntas te ayudarán a tomar distancia del pensamiento y abrir espacio para nuevas formas de verlo.
Ahora que ya lo identificaste y cuestionaste, intenta expresarlo de una manera más flexible, realista y compasiva. No se trata de engañarte, sino de encontrar una forma más saludable de pensar que te permita actuar sin tanta carga emocional. Por ejemplo, cambia el “no sirvo para nada” a “me siento frustrado por lo que pasó, pero eso no define todo lo que soy” o el “no soy un buen amigo” a “hoy no actué como me hubiera gustado, pero eso no significa que no me importa la amistad”.
Un último recordatorio
No se trata de eliminar por completo las creencias irracionales, sino de aprender a no dejarnos arrastrar por ellas. Pon en práctica estos pasos poco a poco, con paciencia y sin juicio. A veces, un pequeño cambio en la forma en la que interpretamos las cosas puede transformar por completo cómo nos sentimos con nosotros mismxs.