
El 9 de octubre de 2026, el Comité Noruego del Nobel otorgó el Premio Nobel de la Paz a la abogada sudafricana Navanethem “Navi” Pillay por sus constantes esfuerzos para promover la paz y el derecho internacional. Con esto se reconoce su trayectoria entera dedicada a defender a las víctimas de la violencia y ser un agente de cambio en vía de la paz y la justicia.
La historia de Navi Pillay comenzó en 1941 en Durban, Sudáfrica, donde creció en una humilde familia de origen indio bajo la dura realidad de la segregación racial del apartheid. A pesar de los escasos recursos de su hogar, el esfuerzo de sus padres y la obtención de becas le permitieron estudiar Derecho en la Universidad de Natal y, más tarde, alcanzar el doctorado en la Universidad de Harvard. En 1967 se convirtió en la primera mujer no blanca en abrir su propio despacho de abogados en la provincia de Natal.
Durante casi tres décadas defendió a activistas perseguidos por oponerse al régimen racista. En 1973 logró que los prisioneros políticos de la isla de Robben, entre ellos Nelson Mandela, tuvieran derecho a recibir asistencia legal, facilitando herramientas para conseguir su libertad. Además, impulsó refugios para mujeres maltratadas, cofundó la organización Equality Now y colaboró para incluir la cláusula de igualdad en la Constitución sudafricana. En 1995, el propio Nelson Mandela la nombró la primera jueza no blanca del Tribunal Superior de su país.
Su camino la llevó luego a la justicia internacional al unirse al tribunal encargado de juzgar los crímenes del genocidio de Ruanda, institución que llegó a presidir en 1988. Años más tarde trabajó como jueza en la Corte Penal Internacional en La Haya y se desempeñó como Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, destacándose por escuchar directamente a las víctimas y defender a las personas más vulnerables.
En años recientes, encabezó comisiones de investigación de las Naciones Unidas sobre violaciones a los derechos humanos en el conflicto de Medio Oriente y actuó como jueza en la Corte Internacional de Justicia. Al recibir el Premio Nobel de la Paz, la comunidad internacional reconoció que la vida de Navi Pillay demuestra que la fuerza de la ley y el respeto a la dignidad humana deben prevalecer siempre sobre los abusos del poder.
El reconocimiento a Navi Pillay nos recuerda que la paz e igualdad no es un ideal lejano reservado únicamente a diplomáticos o tribunales internacionales, sino una construcción cotidiana basada en la verdad, la equidad y el rechazo a la impunidad. Su trayectoria es la muestra que la valentía individual para alzar la voz frente a la injusticia, aun cuando resulta incómoda, tiene el poder de transformar las leyes del mundo y devolver la dignidad a miles de personas invisibilizadas.
Frente a este ejemplo de una vida entera dedicada a no guardar silencio ante el abuso y la discriminación, ¿te imaginas de qué manera lo pudieramos cambiar nostros?