
En las montañas de La Chinantla, Oaxaca, un grupo de mujeres está transformando la forma en que se protege la biodiversidad, a través de brigadas comunitarias, monitoras chinantecas recorren el bosque colocando cámaras trampa para registrar la vida silvestre que habita en uno de los ecosistemas más ricos del país.
Sus jornadas comienzan antes del amanecer, tras dejar listas sus casas y familias, y caminan durante horas entre senderos, lodo y pendientes para identificar rastros de animales como jaguares, pumas, ocelotes, jabalíes, armadillos y temazates. En algunos casos, los recorridos pueden durar hasta 10 horas, pero cada imagen captada confirma que el bosque sigue vivo.
Más allá del monitoreo, estas mujeres han aprendido a usar tecnología para cuidar su territorio. Hoy saben programar cámaras, registrar coordenadas y utilizar herramientas como GPS, combinando estos conocimientos con el saber tradicional que siempre han tenido sobre la montaña. Así, no solo observan el bosque, sino que lo entienden de una nueva manera.
Las imágenes que capturan no se quedan en el monte, ya que se comparten en escuelas y comunidades, donde niñas y niños descubren por primera vez a los animales que habitan su propio entorno y aprenden a cuidarlo. Para muchas monitoras, ver a un puma o un jaguar en cámara no solo es emocionante, también refuerza su compromiso de protegerlos y de inspirar a otras mujeres y jóvenes a sumarse.
En una región donde existen 33 áreas destinadas voluntariamente a la conservación, su trabajo se vuelve clave para mantener conectados los ecosistemas y defender el territorio frente a amenazas como el cambio de uso de suelo.
Porque cuidar el bosque también es cuidar la vida que depende de él, y gracias a estas mujeres, hoy más personas están aprendiendo a mirar la montaña con respeto, orgullo y responsabilidad.
Fuente: Mongabay