
¡Buenas noticias para el medio ambiente y la agricultura! El Instituto de Ecología y Geografía de Xinjiang de la Academia China de Ciencias aplicará una serie de iniciativas para proteger las tierras de cultivo del avance del desierto de Taklamakán, uno de los desiertos más grandes de dunas de arena más grande en el mundo.
El problema es enorme. Cerca del 27% del territorio de China está clasificado como zona desértica o degradada, afectando la vida de más de 400 millones de personas. Durante décadas, los vientos extremos, las lluvias torrenciales y el uso excesivo de la tierra dejaron grandes extensiones de suelo desprotegido frente al avance de la arena.
Para frenarlo, los científicos están utilizando un material muy especial: fibra de basalto, elaborada a partir de roca volcánica fundida. Este material se coloca en los bordes del desierto para estabilizar la arena y evitar que las dunas sigan avanzando hacia las tierras de cultivo. Uno de los datos más interesantes es que no es la primera vez que se usa: este mismo material ya fue probado durante la misión espacial Chang’e-6, la primera en traer muestras de la cara oculta de la Luna.
Además de la fibra de basalto, también están utilizando “cenizas volantes” un polvo fino que queda como residuo cuando las centrales eléctricas queman carbón para generar energía. En lugar de desecharlo, los científicos lo están aprovechando para fabricar materiales de construcción como ladrillos, dándole una segunda vida a algo que normalmente se desperdiciara.
Según el investigador Pei Liang, estos nuevos materiales podrían aumentar la eficiencia del control de la desertificación en un 50% y reducir los costos en un 30% respecto a los métodos tradicionales.
Una iniciativa que demuestra que la tecnología desarrollada para explorar el espacio también puede ayudarnos a cuidar la Tierra que habitamos.
Fuente: National Geographic